Valencia 3 de enero de 2026 – @donfalleret
La Exposición de ninots inspirada en la DANA «Fang, Memòria, Art». Así se titula una iniciativa que pretende convertirse en un ejercicio de memoria colectiva, homenaje social y apoyo a un sector duramente golpeado por las consecuencias del temporal de 2024. Sin embargo, lo que nació como un proyecto cultural ha terminado derivando en uno de los episodios más incómodos de los últimos años entre el mundo fallero y una administración pública valenciana.
El conflicto ha puesto sobre la mesa una cuestión de fondo: hasta dónde puede llegar la libertad de expresión del arte fallero cuando entra en contacto con los límites —reales o percibidos— de la política institucional.
Un contexto marcado por la DANA y por los talleres afectados
La DANA que azotó a la Comunitat Valenciana dejó un rastro de daños materiales, infraestructuras colapsadas y municipios enteros volcados en tareas de limpieza y reconstrucción. Entre los sectores afectados, el de los artistas falleros no fue una excepción: talleres en zonas inundables, problemas de suministro, carreteras dañadas y una reconstrucción marcada por la incertidumbre.
En ese escenario, la Diputación de Valencia optó por no repetir la tradicional plantà de fallas institucionales en distintos municipios y planteó una alternativa: una exposición de ninots sobre la DANA que sirviera como homenaje y reflexión colectiva.
Una propuesta abierta a todos los artistas del Gremio
El Gremi Artesà d’Artistes Fallers de València abrió la convocatoria a todos sus agremiados. La respuesta fue amplia y significativa: los participantes compartían una realidad común, la de trabajar desde localidades directa o indirectamente afectadas por el temporal.
El proyecto contemplaba la creación de 50 ninots, repartidos entre piezas infantiles y grandes, con un planteamiento claro: representar la solidaridad, el esfuerzo ciudadano, la dimensión humana de la catástrofe y el papel del arte fallero como lenguaje social.
Desde el principio, el Gremio dejó claro que la temática, por su propia naturaleza, podía dar lugar a múltiples lecturas artísticas. Esa pluralidad forma parte del ADN de las fallas.
De La Beneficència al MuVIM
La exposición estaba prevista inicialmente en el Centre Cultural La Beneficència, pero los plazos y la falta de informes técnicos obligaron a replantear la ubicación. Finalmente, se optó por el MuVIM, concretamente por su tercera planta, una decisión adoptada por la propia Diputación para evitar trámites adicionales.
Las peanas comenzaron a instalarse y la logística se puso en marcha. Todo parecía encarrilado hasta que, a pocos días de la inauguración, el proyecto se paralizó.
El momento crítico: la petición de retirar una figura
Seis días antes de la apertura al público, la Diputación trasladó al Gremio una petición inédita hasta ese momento: la retirada de uno de los ninots participantes. Una figura que, desde una lectura satírica, aludía a la gestión política del temporal.
La respuesta del Gremio fue inmediata y firme. No se trataba de defender una obra concreta, sino de un principio: la pieza cumplía las condiciones pactadas y formaba parte de un discurso artístico legítimo. Retirarla suponía, a ojos del colectivo, cruzar una línea peligrosa.
El ninot de la polémica
La pieza que ha desencadenado la polémica representa a un hombre exhausto tras las labores de limpieza del barro causado por la DANA, con Carlos Mazón detrás en una postura cuestionada por algunos como ausencia de liderazgo en los momentos críticos del temporal.

El autor, Ximo Esteve, aseguró que la obra no insultaba personalmente a nadie, sino que buscaba reflejar la percepción generalizada de que “los políticos llegaron tarde”.
De la presión a la cancelación
La insistencia para que fuera el propio Gremio quien asumiera la retirada de la figura no obtuvo el resultado esperado. Y entonces llegó el golpe definitivo: a apenas 24 horas de la inauguración, la Diputación comunicó que la exposición no podía celebrarse en el MuVIM.
El argumento oficial fue de carácter técnico y administrativo. Para los artistas, sin embargo, la decisión resultó incomprensible por el momento elegido y por el contexto previo de presiones.
Reacción desde el sector fallero: discreción primero, respuesta después
Durante días, la directiva del Gremio optó por la prudencia. Evitaron declaraciones altisonantes, buscaron soluciones y priorizaron que el trabajo de los artistas no quedara en un cajón.
Cuando hablaron, lo hicieron con un mensaje claro: no aceptan que se cuestione su profesionalidad, ni que se les acuse de mentir, ni que se utilice su trabajo como arma arrojadiza en el debate político.
El traslado al Museo del Artista Fallero
La solución llegó desde casa. El Gremio decidió vaciar la primera planta del Museo del Artista Fallero para acoger la exposición. Un esfuerzo logístico notable que permitió inaugurar la muestra el 31 de diciembre, apenas un día después de la fecha prevista inicialmente.
La exposición permanecerá abierta hasta el mes de marzo, permitiendo que el público conozca las distintas miradas artísticas sobre la DANA, lejos del ruido institucional.
Más allá de un ninot
Uno de los mensajes más repetidos por el Gremio es que el problema no es una figura concreta. Ni siquiera cincuenta. El verdadero conflicto, aseguran, es que se intente limitar la libertad de expresión de un oficio cuya razón de ser es precisamente la sátira, la crítica social y la interpretación del presente.
El arte fallero no es decorativo. Es incómodo por definición.
Una tradición que vive de interpretar la realidad
Desde hace más de un siglo, las fallas han retratado a políticos, instituciones, modas y contradicciones sociales. Han exagerado, caricaturizado y provocado debate. Ese es su lenguaje. Intentar domesticarlo supone, para muchos artistas, vaciarlo de sentido.
La exposición de ninots sobre la DANA ha reabierto ese debate en un momento especialmente sensible, cuando la sociedad todavía asimila las consecuencias del desastre natural.
El malestar que deja este episodio
El desencuentro ha dejado heridas difíciles de cerrar. No solo por la cancelación de última hora, sino por la sensación de desconfianza generada entre un colectivo profesional y una administración que, hasta ahora, había sido un aliado habitual.
El Gremio insiste en que seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: trabajar en los talleres, levantar fallas y contar historias a través del cartón, la madera y la sátira.
Una exposición que ya forma parte de la historia fallera
Paradójicamente, la polémica ha dado a la exposición una relevancia inesperada. La exposición de ninots sobre la DANA ya no es solo una muestra artística: es un capítulo más en la larga relación entre las fallas y el poder, entre la cultura popular y la política.
Y como tantas veces antes, el arte fallero ha vuelto a demostrar que, cuando habla, genera debate. Aunque incomode.











