Valencia 22 de enero de 2026 @donfalleret
El Museo Fallero no solo guarda ninots indultados ni recuerdos de grandes Fallas. También conserva algo igual de valioso: la memoria visual de las Fallas. Carteles que durante décadas anunciaron la llegada de marzo, llenaron escaparates y calles, y ayudaron a construir la imagen de la fiesta dentro y fuera de Valencia.

Esta vez toda esa cartelería histórica se muestra de forma conjunta en un espacio único, ordenado cronológicamente, que permite recorrer casi cien años de historia fallera a través del diseño gráfico, la ilustración y el contexto social de cada época.
Cuando las Fallas se contaban con carteles
Antes de las redes sociales, de los vídeos virales y de las campañas digitales, las Fallas se anunciaban con papel, tinta y creatividad. Los carteles eran la carta de presentación de la fiesta y, durante décadas, uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad.
El Museo Fallero ha reunido ahora estos carteles históricos en un solo espacio expositivo que permite entender cómo ha evolucionado la fiesta, pero también cómo ha cambiado València. No es solo una exposición artística: es un relato visual de la ciudad.

El recorrido arranca en 1929, con el primer cartel oficial de las Fallas, firmado por Josep Segrelles, uno de los grandes nombres de la pintura valenciana. Una obra que marca el inicio de una tradición gráfica que ha llegado hasta nuestros días.
De los primeros concursos al cartel como símbolo de ciudad
Durante los años treinta, el Ayuntamiento impulsó los primeros concursos oficiales de carteles falleros. Aquellas convocatorias sentaron las bases de un lenguaje visual propio, en el que tradición, sátira y celebración convivían en una sola imagen.
En el Museo Fallero pueden verse piezas clave de esa etapa, como el cartel de 1930 de Vicente Canet o el ganador de 1931, L’hora de la cremà. Son carteles que hoy se miran con ojos de historiador, pero que en su momento fueron pura actualidad, pensados para emocionar y atraer.

A medida que avanza el recorrido, el visitante percibe cómo el cartel fallero va ganando personalidad, convirtiéndose en un símbolo reconocible de la ciudad y de su fiesta más internacional.
El contexto histórico también arde en los carteles
Uno de los grandes valores de esta colección del Museo Fallero es que permite leer la historia reciente de España a través de las Fallas. Algunos carteles de los años cuarenta y cincuenta incorporan mensajes y lemas que reflejan claramente el contexto político y social de la época.

El año 1940 vuelve el concurso municipal de carteles y la obra ganadora es de José Amérigo Salazar. La pintura presenta una banda con el lema “Año de la victoria, 1939”, en alusión a la victoría franquista, y las banderas de España y la Senyera. Este lema, posiblemente uno de los requisitos para presentarse al concurso, apareció en una restauración reciente ya que que el autor lo había tapado posteriormente con pintura negra.
Esta dimensión convierte la cartelería del Museo Fallero en una fuente imprescindible para entender cómo la fiesta ha dialogado siempre con la realidad que la rodea.
Casi cien años de estilos, autores y miradas
La colección reúne alrededor de 140 carteles, firmados por algunos de los grandes nombres del arte y el diseño valenciano. Desde el cartelismo clásico y pictórico hasta el diseño contemporáneo, el recorrido muestra cómo han cambiado las técnicas, los lenguajes y las formas de comunicar.

Nombres como Segrelles, Canet, Molina Gallent, Monleón, Ballester, Amérigo, Santaeulalia, Nebot o, ya en etapas más recientes, Dídac Ballester, Estudio Menta o Democracia Estudio, forman parte de este relato colectivo.
El Museo Fallero se confirma así como un espacio clave no solo para la historia de las Fallas, sino también para la historia del diseño gráfico valenciano.

La mujer también firma la historia fallera
Entre los carteles expuestos hay hitos que merecen una mirada especial. Uno de ellos es el cartel ganador de 1976, obra de María José Tornero Jiménez, la primera mujer en ganar el concurso oficial de carteles de Fallas.

A partir de ese momento, otras creadoras comenzaron a ocupar un espacio que durante décadas había estado dominado por hombres. El Museo Fallero recoge esa evolución y permite visibilizar el papel de las mujeres en la construcción de la imagen de la fiesta.
Un espacio pensado para mirar… y entender
El nuevo espacio del Museo Fallero no se limita a colgar carteles en la pared. Cada pieza cuenta con información contextual y códigos QR que permiten profundizar en la obra, el autor y el momento histórico en el que fue creada.

Este enfoque convierte la visita en una experiencia accesible y didáctica, pensada tanto para el público general como para quienes quieren mirar las Fallas desde una perspectiva cultural y patrimonial.
El Museo Fallero como memoria viva de la fiesta
Ubicado en el antiguo convento de San Vicente de Paúl, el Museo Fallero lleva años ejerciendo de guardián de la memoria de las Fallas. Ninots indultados, retratos de Falleras Mayores, bocetos y objetos forman parte de un relato que va mucho más allá de la semana grande de marzo.

Con la creación de este espacio dedicado a la cartelería histórica, el Museo Fallero refuerza su papel como archivo emocional y cultural de la fiesta.
Una visita que cambia la forma de mirar las Fallas
Recorrer este espacio es entender que las Fallas no solo se plantan y se queman: también se dibujan, se piensan y se comunican. Los carteles del Museo Fallero cuentan historias de fiesta, de ciudad y de época.

Para quien ama las Fallas, para quien quiere conocer València o para quien disfruta del arte gráfico, esta exposición se convierte en una visita imprescindible. Porque en esos carteles no solo arde la pólvora: arde la memoria de casi un siglo de Fallas.










