Valencia 26 de septiembre de 2026 @donfalleret – Fotografías de Pablo Garcés @aficiografo
El discurso de despedida de Carmen y Marta tuvo un hilo conductor tan sencillo como poderoso: una mirada. La de los falleros y falleras, la de sus familias, la de sus Corts d’Honor y, por encima de todas, la de una ciudad a la que durante un año han tenido el privilegio de representar.
Carmen Prades y Marta Mercader quisieron convertir sus últimas palabras como Falleras Mayores de Valencia en un agradecimiento colectivo. No hubo una despedida entendida como punto final, sino una sucesión de recuerdos, nombres, rostros y emociones que terminaron dibujando el verdadero significado de un año vivido intensamente.
«València, gràcies! Gràcies per ensenyar-nos què ha significat representar-te», comenzaron. Y desde ese instante dejaron claro que aquellas palabras no estaban dirigidas únicamente a una ciudad, sino a quienes la hacen posible cada día: los falleros y falleras.

Una ciudad convertida en miles de miradas
Carmen y Marta recorrieron simbólicamente Valencia a través de sus sectores falleros. Algirós, Benicalap, Campanar, Botànic-La Petxina, Camins al Grau, Malva-rosa-Cabanyal-Beteró, Pla del Remei-Gran Via, Quatre Carreres, Patraix, Rascanya, Russafa, el Carme, el Pilar-Sant Francesc, Saïdia, Jesús o la Creu Coberta fueron apareciendo en un discurso que quiso mirar a todos.
También hubo espacio para Mislata, Benimàmet-Burjassot-Beniferri, Poblats al Sud, Canyamelar-Grau-Natzaret, l’Olivereta, la Seu-Xerea-El Mercat, Pla del Reial-Benimaclet y Quart de Poblet-Xirivella, antes de llegar a la Roqueta-Arrancapins, el sector al que pertenecen ambas.
Pero detrás de esa enumeración había mucho más que un recorrido geográfico. «No parlem només de 26 sectors, sinó de mil rostres que mai ens heu fallat», explicaron.
Ahí apareció una de las ideas centrales de la despedida. Para Carmen y Marta, lo importante de aquel año no eran únicamente las fotografías, los actos o los grandes momentos. Eran las personas.
«Ens emportem les persones», afirmaron antes de resumir lo vivido con una de las frases más significativas de la noche: València no será tanto aquello que han vivido como las personas con las que lo han vivido.

Volver a casa
Después de mirar a toda Valencia, llegó el momento de volver la mirada hacia sus propios orígenes.
Marta habló de Alberic-Heroi Romeu, su falla, y de esas personas que la han acompañado desde antes de que comenzara esta aventura. Carmen hizo lo propio con Convent de Jerusalem, su casa fallera, y con una familia que, durante un año, ha continuado estando presente incluso cuando su vida había cambiado por completo.
Papá, mamá, Salva, Borja y Álvaro aparecieron en las palabras de Carmen como esas miradas familiares que nunca cambian. También sus «tres C»: Carlos, Carmen y Carlos, a quienes pidió que siguieran siendo sus ojos de referencia cuando terminara la aventura.
Porque regresar a casa, en este caso, no significaba volver a ser exactamente las mismas. «Hui torne diferent de com me’n vaig anar», reconoció Carmen.
Y junto a ellas apareció otra familia construida durante el año: las 24 familias que la fiesta les ha regalado y que han compartido esperas, celebraciones, nervios y momentos personales.

Gracias a la Junta Central Fallera y a las fiestas hermanas
El discurso también reservó un espacio para la llamada «casa gran», la Junta Central Fallera. Carmen y Marta agradecieron a toda su familia fallera el tiempo dedicado durante el ejercicio y tuvieron un recuerdo especial para Santi Andreu, a quien dirigieron unas palabras de cariño: «t’esperem».
También miraron hacia las fiestas hermanas de Alicante y Castellón. Las Fogueres, les Gaiates y les Falles, explicaron, pueden tener luces diferentes, pero comparten una misma mirada: la de quienes aman, cuidan y mantienen vivas sus tradiciones.
La Plaza del Ayuntamiento ocupó igualmente un lugar especial. Allí aparecieron Mario, por su particular visión infantil de Valencia convertida en falla, y Vicent y Alejandro, vinculados a la falla de Chaplin que presidió la plaza y que Carmen recordó como una representación de muchos de los oficios y personas que hacen posible la fiesta.
También hubo palabras para la alcaldesa, María José, a quien agradecieron su cercanía y los consejos recibidos durante el año.

Una mirada a las 73 niñas y 73 mujeres
El discurso cambió entonces de dirección. Carmen y Marta miraron a las 73 candidatas infantiles y 73 candidatas adultas que aguardaban su propio momento en la noche de la elección.
En ellas quisieron reconocer el mismo sueño que un año antes habían protagonizado. Y, lejos de limitarse a un mensaje colectivo, fueron recordando una a una a las parejas de candidatas con las que habían compartido el ejercicio.
Aitana y Alba, Mar y Marta, Martina y Vega, Marta y Zoe, Daniella y Claudia, Virginia y Laura, Jimena Mompó y Jimena Noguera, Anabel y Daniela, Núria y Olga, Ani y Paula, Lola y María y Paula y Vega desfilaron por el discurso a través de sus recuerdos personales.
Doce parejas, doce formas de entender la amistad y la convivencia y, sobre todo, doce ejemplos de los vínculos creados durante un año que para ellas ya comenzaba a convertirse en recuerdo.
Después llegó el futuro: la mirada de la próxima Fallera Mayor Infantil de Valencia y de la próxima Fallera Mayor de Valencia. Carmen y Marta dejaron abierta la puerta a esas nuevas representantes que tomarán el relevo y que, algún día, entenderán desde dentro lo que significa llevar la banda y la responsabilidad de representar a toda una fiesta.

«Fins sempre, Corts d’Honor»
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando ambas se dirigieron a sus Corts d’Honor.
Las definieron como aquellas personas que durante un año las han acompañado en las risas y en las lágrimas, que las han tranquilizado y sostenido incluso sin necesidad de palabras. «Gràcies per haver caminat sempre al nostre costat», dijeron.
Y llegó entonces una despedida que resume la relación construida durante todo el ejercicio: «Fins sempre, Corts d’Honor».
Carmen y Marta, frente a frente
Pero todavía quedaba una última mirada. Quizá la más personal de todas.
Marta y Carmen se miraron y dejaron que fueran los recuerdos compartidos quienes hablaran. Carmen recordó haber visto crecer a Marta durante aquel año y la suerte de haber vivido la experiencia a su lado.
Marta, por su parte, habló de los ojos de Carmen como reflejo del amor y del cuidado recibido durante todo el ejercicio. La definió como ejemplo, compañía y refugio; como la persona que le había dado seguridad en tantos momentos y como un espejo en el que seguir mirándose.
En ese instante, el discurso dejó de hablar de cargos, bandas o representación. Habló de dos personas que habían compartido una experiencia extraordinaria y que sabían que, aunque el año terminara, seguirían reconociéndose entre miles de miradas.

«Gràcies, València»
El último tramo recuperó el mensaje con el que todo había comenzado.
Carmen y Marta volvieron a mirar a Valencia. A la ciudad que un día las eligió y ante la que, aquella noche, volvían a situarse juntas.

«Carmen i Marta. Marta i Carmen».
Y después, el agradecimiento definitivo: «València, gràcies per deixar-nos mirar-te als ulls».
No hacía falta mucho más. Después de un año de actos, desfiles, visitas, emociones y miles de encuentros, el discurso de despedida encontró su mejor manera de cerrar el círculo precisamente en aquello que había vertebrado todas sus palabras: las miradas.
«Amb els ulls plens de tot el que hem viscut… i el cor ple de tots vosaltres… Gràcies, València».
Con esas palabras, Carmen Prades y Marta Mercader pusieron voz a la despedida de un año que ya forma parte de su historia personal y de la memoria de las Fallas.










