Valencia 8 de noviembre de 2026. Juan Meneses @donfalleret Las Fallas de Valencia llevan años afrontando un debate que cada vez resulta más difícil de esquivar: cómo mantener una fiesta que se vive en la calle durante semanas sin convertir la convivencia en una carrera de obstáculos para vecinos, comisiones falleras y visitantes.
Las primeras decisiones que prepara el Ayuntamiento para las Fallas 2027 vuelven a poner esta cuestión sobre la mesa. Habrá restricciones para determinados petardos durante la noche, cinco parques donde no estará permitida la pirotecnia, menos días para montar las carpas y nuevas limitaciones a los puestos comerciales. Entre ellas, una especialmente significativa: las mojiterías dejarán de tener espacio en la oferta ambulante de las fiestas.
No son cambios menores. Afectan a la forma en que las comisiones organizan sus actividades, a quienes viven en los barrios con Fallas y a una manera de entender marzo en Valencia que, inevitablemente, tiene que encontrar su equilibrio entre fiesta y convivencia.
La pólvora sí, pero no a cualquier hora
El ruido de los petardos forma parte del paisaje sonoro de las Fallas. Pretender unas fiestas sin pólvora sería difícilmente reconocible para cualquier fallero. Pero una cosa es defender esa tradición y otra asumir que cualquier hora y cualquier lugar son válidos para disparar.
El Ayuntamiento quiere poner límites a determinados artículos pirotécnicos utilizados por particulares. La futura regulación contempla franjas horarias para truenos detonantes, fuentes y combinaciones de las categorías F2 y F3 que puedan utilizarse como cohetes borrachos, además de carretillas de categoría T1.
El calendario previsto establece las siguientes restricciones:
- Del 7 al 12 de marzo: no podrán utilizarse estos artículos entre las 22:00 y las 7:30 horas.
- Del 13 al 19 de marzo: la limitación será de 2:00 a 7:30 horas.
- Desde las 00:00 horas del 20 de marzo: su utilización quedará restringida, salvo cuando sea necesaria para la celebración de la Cremà.
Conviene aclararlo: no se trata de acabar con la pólvora ni de prohibir todos los petardos. La propuesta se dirige a determinados productos y horarios.
La cuestión de fondo es otra. Las Fallas necesitan ruido, pero también necesitan que quienes las celebran entiendan que compartir la ciudad implica respetar ciertos límites. Y, sobre todo, que las normas no se queden en un papel. De poco servirán los horarios si después no existe una vigilancia capaz de hacerlos cumplir.
Cinco parques para quienes necesitan escapar del ruido
Otra de las novedades afecta directamente al bienestar animal. Valencia contará con cinco espacios verdes en los que no se podrán disparar petardos durante las fiestas.
Los lugares elegidos son el parque de Benimar, el Espai Verd de Nazaret y los parques del Oeste, Orriols y Benicalap. Estarán señalizados para que vecinos y visitantes conozcan las restricciones.
La iniciativa responde a una realidad que durante años ha quedado en segundo plano: para muchos animales, marzo no es precisamente un mes de celebración. Los estruendos, las explosiones y la actividad constante de las calles pueden convertirse en un problema importante para las mascotas y la fauna urbana.
Cinco espacios protegidos son un avance, aunque también habrá que comprobar si su distribución resulta suficiente para una ciudad tan extensa y si realmente se respetan.
La protección animal no debería limitarse a anunciar lugares libres de petardos. Necesita información, responsabilidad ciudadana y medidas efectivas para evitar que esos refugios acaben siendo únicamente una buena intención.
Las comisiones tendrán menos margen para instalar sus carpas
Donde los cambios se notarán especialmente será en la organización de las comisiones falleras. La instalación general de las carpas se concentrará entre el 11 y el 19 de marzo, reduciendo el periodo de ocupación de la vía pública.
El calendario también establece diferencias para los preparativos. Las comisiones de Sección Especial y Primera A podrán comenzar a trasladar sus piezas a la calle desde el 6 de marzo, mientras que el resto tendrá que esperar hasta el día 11.
Además, el domingo 7 de marzo se permitirá celebrar comidas populares y paellas en la calle, dentro de la demarcación de cada comisión, entre las 10:00 y las 20:00 horas. Eso sí, sin ambientación musical.
La decisión obliga a las comisiones a ajustar sus calendarios y concentrar en menos jornadas buena parte de sus montajes y actividades. Es una cuestión que merece atención: detrás de cada carpa hay organización, permisos, logística y muchas horas de trabajo voluntario.
Ordenar la ocupación de las calles puede ser razonable, pero la planificación municipal también debería tener en cuenta la realidad de las comisiones, que no siempre disponen de los mismos medios ni de las mismas condiciones para preparar sus fiestas.
Las mojiterías se quedan fuera de las Fallas 2027
El Ayuntamiento también quiere cambiar el paisaje comercial de marzo. Las conocidas mojiterías no podrán instalarse durante las Fallas de 2027 y tampoco se autorizarán puestos ni vehículos de comida destinados específicamente a vender bebidas alcohólicas.
La medida llega acompañada de una regulación más estricta para los mercadillos y establecimientos ambulantes de alimentación.
Los puestos de buñuelos y masas fritas podrán trabajar desde el 28 de febrero hasta el 19 de marzo. En cambio, los mercadillos y puestos de venta o consumo de alimentos tendrán un calendario más reducido, del 12 al 19 de marzo.
El límite será de 20 puestos en total, con un máximo de nueve dedicados a alimentación. De estos últimos, solamente cuatro podrán elaborar alimentos.
La decisión de cerrar la puerta a las mojiterías puede generar opiniones diferentes, pero apunta a una cuestión que conviene abordar: qué tipo de actividad comercial quiere Valencia durante sus fiestas y cómo debe regularse la ocupación de sus espacios públicos.
No todo vale por el hecho de estar en Fallas. Pero tampoco debería perderse de vista que la actividad económica forma parte de la fiesta y que las autorizaciones deben responder a criterios claros, transparentes y conocidos por todos.
La Crida abrirá unas Fallas que tendrán que compartir calendario con la Semana Santa Marinera
El 28 de febrero será la fecha de la Crida, la llamada con la que Valencia dará comienzo a las Fallas de 2027. Ese mismo día podrán comenzar a instalarse los puestos de buñuelos, que acompañarán a la ciudad durante buena parte del calendario festivo.
La planificación tendrá, además, un condicionante especial en los barrios marítimos. Las comisiones cuyas calles iluminadas coincidan con los recorridos de las procesiones de la Semana Santa Marinera deberán tener desmontadas las instalaciones antes de las 14:00 horas del 20 de marzo. Para esa misma hora también tendrán que haber retirado los residuos generados.
Una coordinación necesaria en unos barrios donde dos celebraciones de gran arraigo comparten espacio y calendario.
El reto no es cambiar las Fallas, sino conseguir que se puedan disfrutar
Las medidas anunciadas dibujan unas Fallas 2027 con más restricciones en determinados ámbitos. La pólvora tendrá horarios, habrá espacios protegidos para los animales, las carpas contarán con un calendario más ajustado y la oferta comercial estará más limitada.
Es legítimo que una ciudad busque fórmulas para garantizar el descanso y organizar mejor sus calles. También lo es recordar que las Fallas no son un acontecimiento que se pueda encerrar en unos pocos días o en un recinto: son una fiesta popular que se construye desde los barrios, los casales y la participación de miles de falleros.
Por eso, el debate no debería plantearse como una confrontación entre quienes quieren disfrutar de las Fallas y quienes reclaman convivencia. Ambas cosas tienen que ser posibles.
El verdadero examen llegará cuando las medidas entren en vigor: habrá que comprobar si se cumplen los horarios, si los parques funcionan como refugios, si las comisiones pueden desarrollar su actividad sin trabas innecesarias y si las nuevas limitaciones se aplican con criterios iguales para todos.
Porque unas Fallas más ordenadas no tienen por qué ser unas Fallas menos falleras. Pero regular una fiesta tan arraigada exige conocerla, escuchar a quienes la hacen posible y, sobre todo, no confundir ordenar la celebración con ponerle obstáculos.
El Bando Fallero de 2027 todavía debe completar su tramitación. Lo que ya está sobre la mesa es un cambio de planteamiento que tendrá que demostrar en la calle si consigue lo que promete: que Valencia pueda seguir celebrando sus Fallas sin olvidar que la ciudad también es de quienes la habitan.










